
Buenos Aires, Argentina.
Mi obra no es una imagen estática; es un sistema visual activo. Investigo cómo la materia y el color reaccionan ante las dos variables más presentes en la naturaleza: la luz y el movimiento.
Mis piezas exigen la presencia de un espectador activo que transite el espacio. Trabajo con pequeñas superficies y texturas pintadas a mano con aerógrafo; al pintar con aire, los volúmenes atrapan el pigmento como las laderas de una montaña interceptan la niebla. Así, en cada obra conviven múltiples realidades que se transforman según el ángulo de visión. Lo que percibes en un momento desaparece en el siguiente, creando un diálogo entre la obra, el espacio y quien la transita.
Desarrollo mi práctica a través de Series. En ellas, el color deja de ser una cualidad fija para convertirse en un fenómeno físico que se desplaza, se oculta y se revela.
"Entiendo la obra de arte como una situación, no como un objeto."
Mi trabajo propone una relación consciente y lúdica con la materia. Inspirado por procesos naturales, busco que la percepción del observador se vuelva participativa. Mi propósito es que la obra funcione como un umbral hacia lo elemental.
La obra opera como un dispositivo social, un puente hacia emociones primarias, aquellas que creímos perdidas al crecer. El espectador ya no observa: juega. Y al hacerlo, restaura —aunque sea brevemente— la magia de mirar el mundo por primera vez.